Tuesday, July 1, 2014

Núñez de Balboa


Before continuing I wanted to do a special mention of that monument that presides over the promenade of the Panama City.
 
 
Is a monument to one of the Pacific Ocean European discoverer (La Mar del Sur as were baptized it in 1513) Vasco Núñez de Balboa, made by Mariano Benlliure and Miquel Blau, and who was donated by King Alfonso XIII of Spain to the government of the then president of the Panama republic Belisario Porras in 1921.

I grew going to this park the Sunday afternoons when was good weather. We went in my grandfather's old white Chevrolet, whom I felt as an enormous car, like a boat.

Those years of childhood, when everything seemed happy, come to my mind with that patina so characteristic of those 60th - 70th Panamanian old postcards. Vintage memories, aged familiar photos, orange skies in the dusk when the intense clouds dyed of red and mauves colors as I've never seen. The coolness of the sea, the smooth wind, the palms rocking itself, the boats in the bay waiting to enter in the Canal, the family.
 
 
We used to play under that peculiar monument, ran above and down of the stairs, jumping, climbing, laughing without preoccupations. We just laughed.

That monument, that enormous dark green statue of imposing, hieratic, athereal pose raising it hand towards the Pacific sea holding its Christian cross shape called my attention.

 
 

From my early ages I already knew that that man was Vasco Núñez de Balboa, lover of the indian Anayansi, discoverer of La Mar del Sur, founder of Santa Maria la Antigua del Darién, governor of Veragua and died at the hands of the cruel one Pedrarias Davila. He was almost a martyr, a good conqueror, a hero, ancestor of our identity.
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
This monument always called my attention. I did not understand very well what was wearing in his head but its look cool. Later I knew that that type of helmet was a burgonet. I do not know is was by the force to see it, because always it was there, I acquired a special taste by this type of helmet. Because its dynamic form, its elegance, its strength I have turned it in my favorite one so I could not less than to provide my Hernán Cortés and his captains with it.

This Balboa is part of the history of my country. As much that his image is ours as can be la pollera, el montuno, the huacas or the molas. Balboa was a short life bill, is the effigy of our currency, the name of the avenue where is this monument and of some street, the dollar nickname (“the price is one Balboa”) and the name of a district, Canal ports, a Order giving to outstanding personages… he is the conqueror of Panama, as is Cortés to Mexico or Pizarro to el Perú.
 
 
 
 
 
And it is that our history is so tie with the presence of the conquerors. Is inevitable that the concept of national identity does include the presence of these gentlemen who when they coming to conquer to us we appropriate them as ours and now they be part of ourselves. For good or for bad it is thus and we grow knowing its names and his deeds.

To understand this phenomenon, to assimilate this debt with ourselves and with the history of the Americas is something that lives in our collective subconscious and that has emerge in the form of this graphic novel project.

Then, why not to take the Conquest of Panama instead of that of Mexico? The reason is very simple. Or there are many reasons. Although to grow with these elements like inspirations for the novel, the Conquest of Panama is within the parameters of which we know about the defeated natives; loincloths, huts and straw roofs, much forest and little resistance to the invader. Is to say, our natives are within the parameters of which we always think about was the Indians in the moment when the Spaniards arrived to the Americas, which is well known and we can see today. I want to show the other face of the American Indians (and I say American Indians referring to the whole continent, not the country of United State); those that lived in on Tenochtitlán and Cuzco metropolis, with a high degree of civilization and complex thought. For that reason it is that I choice the Conquest of Mexico because for me also it was a surprise to discover that the things was not like as we saw it there  in our warm mother country.
 
 
 
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Antes de proseguir quisiera hacer especial mención de aquel monumento que preside el paseo marítimo de la ciudad de Panamá.
 
 
Se trata de un monumento al descubridor europeo del Océano Pacífico (La Mar del Sur como se la bautizó en 1513) Vasco Núñez de Balboa, realizada por Mariano Benlliure y Miquel Blau, y que fue donado por el rey Alfonso XIII de España al gobierno del entonces presidente de la república de Panamá Belisario Porras en 1921.

Yo crecí yendo a dicho parque las tardes de domingo cuando hacía bueno. Íbamos en el viejo Chevrolet blanco de mi abuelo, que se me antojaba un coche enorme, como una lancha.

Aquellos años de infancia, cuando todo parecía feliz, vienen a mi mente con aquella pátina tan característica de las viejas postales panameñas de los 60 o 70. Recuerdos vintage, de fotos familiares añejas, de cielos naranjas al atardecer cuando las coposas nubes se teñían de rojos y malvas tan intensos como no he visto jamás. El frescor del mar, el suave viento, las palmeras meciéndose, los barcos en la bahía esperando a entrar al Canal, la familia.
 
 
Solíamos jugar bajo aquel curioso monumento, corríamos arriba y abajo de las escaleras, saltando, trepando, riendo sin preocupaciones. Reíamos porque sí.

Me llamaba la atención aquel monumento, aquella enorme estatua verde oscuro de pose imponente, hierática, etérea que levanta su mano hacia el Pacífico sosteniendo su espada a la manera de una cruz cristiana.
 

 

Ya de muy jovencillo sabía que aquel hombre fue Vasco Núñez de Balboa, amante de la india Anayansi, descubridor de la Mar del Sur, fundador de Santa María La Antigua del Darién, gobernador de Veragua y muerto a manos del cruel Pedrarias Dávila. Era casi un mártir, un conquistador bueno, un héroe, un prócer de nuestra identidad.
 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Siempre me llamó la atención este monumento, su imagen. Yo no entendía muy bien qué era lo que llevaba a la cabeza pero lo hacía ver "guay". Ya posteriormente supe que ese tipo de casco era una borgoñeta. No sé si a fuerza de verlo, porque siempre estaba allí, adquirí un gusto especial por este tipo de casco. Por su forma dinámica, su elegancia, su fuerza lo he convertido en mi favorito así que no pude menos que dotar a mi Hernán Cortés y sus capitanes con él.

Este Balboa es parte de la historia de mi país. Tanto que su imagen es la nuestra como pueden ser la pollera, el montuno, las huacas o las molas. Balboa fue un billete de corta vida, es la efigie de nuestra moneda, el nombre de la avenida donde se encuentra dicho monumento y de alguna calle, el sobrenombre del dólar ("cuesta un Balboa") y el de un distrito, de puertos del Canal, de una orden otorgada a personajes destacados... es el conquistador de Panamá, como lo es Cortés de México o Pizarro del Perú.
 
 
 
 
 

Y es que nuestra historia está tan vinculada con la presencia de los conquistadores. Es inevitable que el concepto de identidad nacional incluya la presencia de estos señores que al ir a conquistarnos nos los hemos apropiado como nuestros y ahora formen parte de nosotros mismos. Para bien o para mal es así y crecemos conociendo sus nombres y sus gestas.

Entender este fenómeno, asimilar esta deuda con uno mismo y con la historia de América es algo que vive en el subconsciente colectivo y que ha brotado en la forma de este proyecto de novela gráfica.

Entonces, ¿por qué no tomar la conquista de Panamá en lugar de la de México? La razón es muy sencilla. O hay muchas razones. Si bien crecer con estos elementos como inspiradores para la novela, la conquista de Panamá está dentro de los parámetros de lo que sabemos acerca de los indígenas conquistados; taparrabos, poblados de madera y techos de paja, mucha selva y poca resistencia al invasor. Es decir, nuestros indígenas están dentro de los parámetros de lo que se tienen que eran los indios al llegar los españoles, lo que se conoce y se ve actualmente. Yo quiero mostrar la otra cara de los indios de América; los que vivían en las metrópolis de Tenochtitlán y Cuzco, su alto grado de civilización y pensamiento complejo. Por ello es que me decanté por la conquista de México porque para mí también fue una sorpresa descubrir que no todo fue como lo veíamos allá en nuestra calurosa patria.