Sunday, June 22, 2014

About Conquistadores and Defeated, a brief introduction / Sobre conquistadores y conquistados, una breve introducción.

     An image is worth more than thousand words. It is a cliche that sometimes is certain. And an 
image that remain fixed in my retina, and my memory, was this; the Castilians catched within a sort 
of walls outside which mexica warriors  advance in column brandishing their arms.
 
 
     The image was part of a documentary one transmitted by the university television of Panama, my
country of origin. “The Spaniards were enclosed  and besieges within the Axayacatl's palace, without 
water, without sufficient food, harassed day and night in rain of stones, darts, arrows and war 
shouts". Or something thus was what narrated the voice in off accompanying this image. It is 
impossible that I remember exactly what I listened; I was very kid, we are speaking of early nineties, 
but that image and what illustrated was what it made an impression to me and leave me a mark.
It was a surprising revelation; listen words like "palace", "city", "walls" they did not fit with the
idea that I had of which they were the Indians in my own country; the idea that taught to us.
I was customary to see in text books, and the real life, quite simple and pacific natives, resigned
and until innocents. Their small villages are not cities and much less there were Stone palaces. In text
books of the school appeared the illustrations of the arrival of Chistopher Columbus to Guanahani
coast (San Salvador) been received by idyllic natives in loincloths approaching curious to the just
arrived with innocent air and a few arrows and arcs.
 

     And the bust portraits of the conquerors that shows hieratic pretensions mens with dense beards, 
elegant pose, invincibles, iconic look. How it was possible that natives in loincloths could corner the 
Spaniards, who had more sophisticated arms, in… a palace? In a palace inside of a city in the middle 
of a lake?
 

     And what about Machu Picchu? It is certain that the renowned city, iconic like the pictures
of the Conquistadores, was a case aside. For me particularly I associated it to a separated religious
center in mountains, a enigma tie to “gods came from the sky ", and not to a people with a complex
culture. Come on, don't blame to me, was the result of how they taught our history to us; fast
and with anecdotal dyes. The important was to learn the dates and the things that happened in
it. And everything at very local level. And my attention in those years was focus on learn Painting
and the Middle East and Western Art.
     Resume, that news contravened  my concept of to be conquered. To the concept that I had then, of
course. And simultaneously that revelation opened to everything a world of new sensations on the
matter. Fascinated to Me! But it remained there, sleeping. Neither I investigated more about it. Of
course that the history of the conquest of Panama was not the history of the conquest of Mexico,
although they share certain patterns of behavior, and we tends to generalize. By which I followed
my life at margin of the subject. 
     Peculiarly my contact with Mexico and highlights of their past history continued arriving to me very
subtly. And peculiarly another television program was the means by which I could hear as sonorous
names as Moctecuhzoma, Cuauhtemoc and Chapultepec in comedy key; the "Chavo del Ocho".
Although all this was in a very caricatured and anecdotal key, as the mention of "La Noche Triste"
(Sad Night)  or the torture of the last Aztec emperor episodes in the school chapter of this program.
Even so this was breeding ground for the things will come later. Those just mentioned names, those
events evoked between laughter became like a business card, a sign and an enigma for which at
the right moment I took the key and opened seals to discover a surprising historic past buried
below anecdotes, text books and already known.


***
     Una imagen vale más que mil palabras. Es un cliché que a veces resulta cierto. Y una imagen que
se me quedó grabada en la retina, y en la memoria, fue esta; los castellanos atrapados dentro de una
especie de muros fuera de los cuales unos guerreros mexicas avanzan en columna blandiendo sus
armas.
 
 
   La imagen formaba parte de un documental transmitido por la televisión universitaria de Panamá,
mi país de origen. "Los españoles quedaron cercados y sitiados dentro del palacio de Axayacatl, sin
agua, sin comida suficiente, acosados día y noche por lluvia de piedras, dardos, flechas y gritos de
guerra". O algo así era lo que narraba la voz en off acompañando dicha imagen. Es imposible que
recuerde exactamente lo que escuché; era yo muy chaval, estamos hablando de principios de los
noventa, pero esa imagen y su texto fue lo que me impresionó y me caló. Fue una revelación
sorprendente; escuchar las palabras "palacio", "ciudad", "cerco" no encajaban con la idea que tenía
de lo que eran los indios en nuestra propia tierra; la idea que nos enseñaron. Estaba acostumbrado
a ver en los libros de texto, y en la vida real, a unos indígenas bastante sencillos y pacíficos, resignados 
y hasta inocentes. Sus caseríos no son ciudades y mucho menos había palacios de piedra. En los libros
de texto del colegio aparecían las ilustraciones de la llegada de Cristóbal Colón a Guanahani
(San Salvador) recibidos por unos idílicos indígenas en taparrabos acercándose curiosos a los recién
llegados con aire inocente y con unas cuantas flechas y arcos.
 

     Y en los retratos de los conquistadores vemos hombres de tupidas barbas y aires hieráticos, de
busto, siempre bien puestos, invencibles, icónicos. 
 
 
  ¿Cómo era posible que unos indígenas en taparrabos pudiesen acorralar a los españoles, de armas
más sofisticadas, en un... palacio? ¿En un palacio dentro de una ciudad en medio de un lago?
 
     ¿Y Machu Picchu? Es cierto que la celebérrima ciudad, icónica como los retratos de los
conquistadores, era un caso aparte. Para mí particularmente lo asociaba a un centro religioso 
apartado en las montañas, un enigma vinculado a "dioses venidos del cielo", y no a un pueblo con
una cultura compleja. Vamos, no me culpéis, era el resultado de cómo nos enseñaron nuestra historia;
de pasada, rápido y con tintes anecdóticos. Lo importante era aprenderse las fechas y lo que
ocurrió en ellas. Y todo a nivel muy local. Y mi atención en aquellos años era sobre el arte y la pintura
occidental y el Medio Oriente. 
     Retomando, eso contravenía  mi concepto de haber sido conquistados. Al concepto que tenía
entonces, claro. Y a la vez esa revelación abrió todo un mundo de sensaciones nuevas al respecto.
¡Me fascinó! Pero se quedó allí, durmiendo. Ni investigué más ni supe más sobre el tema en
concreto. Claro que la historia de la conquista de Panamá no fue la historia de la conquista de
México, aunque comparten ciertos patrones de comportamiento, y uno tiende a generalizar. Por lo
cual seguí mi vida al margen del asunto. 
 
     Curiosamente mi contacto con México y pinceladas de su historia y pasado seguían llegándome
muy sutilmente. Y curiosamente otro programa de televisión fue el medio por el cual pude oír
nombres tan sonoros como Moctezuma, Cuauhtemoc y Chapultepec en clave de comedia;
el Chavo del Ocho. Sin embargo esto era todo muy caricaturizado y anecdótico, como lo de la Noche
Triste o la tortura del último emperador azteca en los episodios de la escuelita de dicho programa.
Aun así este factor fue el caldo de cultivo para lo que vendría después. Esos nombres solo 
mencionados, esos eventos evocados entre risas se volvieron como una tarjeta de presentación,
un signo y un enigma para que en el momento justo tomase la llave y abriera los sellos para descubrir
todo un sorprendente pasado sepultado tras las anécdotas, los libros de texto y lo ya sabido.